¿Cómo experimentan los hombres los trastornos de alimentación?


Muchas personas asocian la restricción de alimentos y la ansiedad relacionada con los métodos para alterar el peso, de una forma u otra, con la mujer. 



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Y este sesgo no está muy distanciado de la realidad. Una investigación reciente encontró que, en los países desarrollados, aproximadamente el 9% de las mujeres y sólo el 0,3% de los hombres han presentado síntomas de anorexia en algún momento de sus vidas, mientras que el 1,6% de las mujeres y el 0,4% de los hombres padecen bulimia.

Pero la suposición de que los hombres no son tan propensos a tener una relación poco saludable con la comida o de sufrir inconvenientes con la imagen corporal, puede impedir ver las señales de un problema que sí existe.

Dicho esto, los comportamientos de los hombres que padecen desórdenes de alimentación no siempre se parecen a los típicos patrones de esfuerzos para adelgazar observados en trastornos de conductas alimentarias de las mujeres. En lugar de hacer estragos en su bienestar físico y emocional mediante la búsqueda de cuerpos cada vez más flacos, muchos hombres enferman emocionalmente en la búsqueda de una mejor musculatura. Y en vez de morir de hambre o comer compulsivamente para después purgarse, estos hombres generalmente recurren a cantidades excesivas de suplementos, intercambiando comidas "reales" con reemplazos que pretenden ayudar a ganar músculo y perder grasas, al mismo tiempo que realizan extensas jornadas en el gimnasio para aumentar la masa muscular.

Una reciente investigación realizada por el psicólogo clínico Richard Achiro, echa un vistazo más de cerca en la forma que los trastornos alimentarios se manifiestan en los hombres. En particular, el excesivo consumo de suplementos (estamos hablando de suplementos legales) que se pueden encontrar en cualquier tienda especializada, como proteínas en polvo, barras energéticas o alimentos potenciadores, vinculados con el excesivo tiempo en un gimnasio, una combinación muy común en hombres con desórdenes alimenticios.

Achiro estudió a 195 individuos mayores de 18 años, todos ellos habían consumido algún tipo de suplemento en los últimos 30 días y habían concurrido al menos tres veces al gimnasio en la última semana.
De todos estos casos, menos del 30% expresó su preocupación por el uso de suplementos alimenticios. El 8% había sido informado por un médico de los efectos secundarios adversos de dichos suplementos. Y el 4% había estado hospitalizado al menos una vez en el último año debido a problemas renales o hepáticos como resultado del consumo excesivo de suplementos. 

¿Qué es lo que impulsa a los hombres a consumir estos batidos, polvos o pastillas para mejorar su musculatura? Así como a las mujeres se las bombardea con anuncios sobre cómo bajar de peso cuando se acerca la temporada de verano, las mismas presiones culturales impulsan al sexo masculino a poseer un cuerpo más musculoso y viril. Pero sin dudas, los principales responsables, en ambos sexos, son la baja autoestima y los conflictos en torno a la propia función e identidad de género. Es decir, el uso excesivo de suplementos es algo más que la búsqueda de un buen cuerpo, tiene que ver con los problemas subyacentes propios del sentido del ser "masculino".

Por supuesto que beber un batido de proteínas después de un entrenamiento o consumir una barra energética antes de levantar peso, no significa estar frente a un trastorno alimentario. Sino que, es la rigidez que rodea el uso de estos suplementos lo que enciende la luz de alarma. Y sobre todo, cuando esta rutina interfiere con las relaciones personales, el bienestar emocional, el trabajo y la salud física.

¿Existe una solución para este problema? Achiro apunta a la terapia psicodinámica como una forma de ayudar a estos individuos a comprender los motivos que los están impulsando a consumir un exceso de suplementos.
Es importante recordar que muchos de los comportamientos vinculados a desórdenes alimenticios son intentos de controlar episodios de depresión o ansiedad. Es decir, un intento de regular estados emocionales alterados.


Referencia:
http://healthcare.utah.edu/healthlibrary/related/doc.php?type=6&id=702124


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